Vinea (siglo IV d. C.).

Cuando los refugios protectores estaban fijos recibían el nombre de pórticos o vineae, en razón de su alargamiento. Constituían una especie de galería cubierta muy amplia, que unía la posición del sitiador con los muros de la fortaleza, como si de un túnel de superficie se tratara. La primera referencia a la construcción de estas estructuras porticadas de grandes dimensiones la encontramos en Julio César, que las nombra como vineae aggere o vineae proferre.Vinea

Tenía forma de cobertizo a dos aguas, con 5 metros de largo, 2,4 metros de ancho y 2,1 de alto. Su construcción era muy simple, con una estructura de madera recubierta de tablas para el tejado y con mimbre entretejido en sus laterales. Con frecuencia, solía estar protegida con pieles sin curtir, para evitar que el fuego prendiera en su estructura.

A pesar de que era una máquina estática, se le podía dar movilidad colocándole unas ruedas o rodillos, o simplemente se podía desplazar levantándola con la fuerza manual. La vinea, a causa de su tamaño, era capaz de albergar más de veinte hombres armados y los protegía de forma más segura que los manteletes.